10 dic. 2012

EL PREMIO A QUERER GANAR

En uno de los peores clásicos de los últimos años fue el cuervo el que tuvo más convicción y lo ganó con un cabezazo de Campos.
La fiesta en el Martearena debía ser el broche de oro para un 2012 lleno de vaivenes y devaluado a nivel espectáculo, la gente respondió y la cálida tarde-noche se prestaba para la ocasión. Pero más allá de la gran euforia del cuervo por otro clásico ganado en menos de una semana, antonianos y azabaches se perfilaban para reprobar en la mesa de examen la última materia de diciembre.

Muy al margen de las grises tonalidades del juego y de lo poco que dejaron como legado los protagonistas en cancha, la fiesta, incuestionable y merecida, fue para Central Norte, que lo ganó de tozudo e insistidor en el final. El equipo del flamante entrenador Omar Jorge no brilló y se destiñó en la apatía y la chatura del partido, sin embargo, recibió el premio a querer ganarlo de verdad en los últimos minutos, simplemente eso. Y afloró también la astucia para mantener los ojos bien abiertos hasta la última bola de la noche, aquella que cabeceó Campos a la red en el tercer minuto de descuento para desatar el delirio del pueblo azabache.

Al frente tuvo a un Juventud más punzante en cada acercamiento a los dominios cuervos, que capitalizó las jugadas más claras (una de Triverio tras una gran habilitación de Leonardo Silveira y otra de José Tabares a quemarropa que contuvo Maino, en el complemento). Sin embargo, el local bajó increíblemente la persiana en los últimos quince minutos, al menos eso se tradujo en el cambio de Iván Delfino, quien resignó al mejor de la cancha hasta entonces, Silveira, por un defensor, Matías Domene. Allí, Juventud se retrasó y dejó avanzar a un Central que se dio cuenta a tiempo que lo podía ganar y lo logró: a través de un perfecto cabezazo de Campos -tras centro de Oga- en el último suspiro.
“Y ya lo ves, y ya lo ves... esa es la banda de Urtubey...”, cantaron los hinchas del cuervo en la previa del clásico. Y el gobernador de la Provincia tampoco faltó a la cita, se ubicó en uno de los palcos junto al intendente Miguel Isa.

El clásico, en las tribunas, lo ganó Juventud y también por la mínima. Lo ganó desde el recibimiento mismo del equipo, con bombas de estruendos, fuegos artificiales y mucho cotillón: globos, papelitos y humo con los colores antonianos. 

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